DELINCUENCIA SE DEBE ENFRENTAR, NUNCA OCULTAR.
Las bandas criminales evolucionan con las tecnologías, cada vez más se valen de la sofisticación disponible en beneficio de sus organizaciones delictivas.
¿QUÉ HACER PARA ENFRENTAR ESTAS NUEVAS FORMAS DE VIOLENCIA?
Junto con la evolución de la tecnología, las bandas criminales también encuentran un beneficio para delinquir.
La seguridad cibernética se ve constantemente violada para cometer delitos, mientras que la ciudadanía y las autoridades desconocen la profundidad y los alcances de esta nueva forma de delinquir, que es más especializada, mejor organizada y, sobre todo, más violenta. Fraude electrónico, extorsiones, piratería o acoso en las redes sociales, son algunos de los delitos que se cometen cibernéticamente.
El ciber crimen se ha convertido en un negocio lucrativo por su alcance y porque esta modalidad no incluye una usurpación física.
En muchas ocasiones, la cara de aquel que comete el crimen nunca se conocerá. De hecho, se calcula que esta modalidad delictiva mueve más dinero que es narcotráfico; se estima que los delitos cibernéticos supera los 4000 millones de dólares al año en todo el mundo.
LA SEGURIDAD CIUDADANA
Esta, aquí en nuestra ciudad como en tantas otras, no es un tema que tenga que ser resuelto exclusivamente por el alcalde metropolitano o los alcaldes distritales.
Pasa más bien por una coordinación entre los municipios, los vecinos, la Policía Nacional y el Ministerio del Interior.
Y para eso, nuevamente se necesita que el alcalde sea un verdadero líder.
Se necesita mejorar el alumbrado público para que los ladrones al paso o los ‘cogoteros’ la tengan más difícil, poner vigilantes en los descampados para impedir violaciones o asesinatos y evitar las pistas rotas, los baches o los embotellamientos para que a los ‘raqueteros’ les resulte más complicado asaltar.
Los serenos ¿Cuáles son sus verdaderas atribuciones?
Los especialistas advierten que en 30 años no se ha creado una ley de serenazgo que permita, por ejemplo, que estos agentes usen armas no letales para enfrentar la delincuencia.
Lo más increíble y que preocupa de sobremanera a la población es que la mayoría de los episodios de violencia y delincuencia, que se ven en las noticias, estos los últimos días tienen un denominador común:
Los delincuentes son reincidentes capturados por nuestra policía en el pasado, por todo tipo de delitos y, por distintas razones, que son dejados en libertad en el poder judicial.
Se esta viendo a policías detenidos por usar su arma de reglamento, estando de servicio, en persecución de un delincuente, otros muchos con expedientes abiertos en el poder judicial por lo mismo, eso desmoraliza a cualquiera.
GRAN PARTE DE ESOS DELINCUENTES CAPTURADOS Y DEJADOS EN LIBERTAD POR LOS JUECES SON PROFESIONALES DEL DELITO Y UN PELIGRO PARA LA SOCIEDAD.
Las cifras reflejan un problema de fondo.
Mientras por un lado policías y fiscales hacen grandes esfuerzos por sacar de las calles a los delincuentes, por el otro lado algunos jueces aplican la ley de tal modo que están devolviendo a los delincuentes a las calles.
El país esta necesitado de que se produzca un debate de fondo, entre los diferentes estamentos del Estado implicados, sobre la política criminal y el tratamiento penal a delincuentes reincidentes.
Mientras los delincuentes no paguen condenas efectivas, estamos dando como sociedad una señal errónea y sencilla, es que el delincuente no paga sus crímenes.
a las calles
Se escuchan muchos proyectos y ninguna solución a la vista.
La lucha contra la inseguridad se resume actualmente en muchas promesas y pocos intentos con resultados.
Es urgente una política integral que reúna a todas las partes implicadas, municipios, policía, poder judicial, sociedad civil.
El primer paso para poder solucionar el problema de la inseguridad publica, es que debemos aceptar que existe el problema.
Un relato real:
Me han robado algunas veces. En una ocasión, dos delincuentes me pusieron una navaja en el cuello y me quitaron el celular que acababa de comprar hacia 20 minutos.
Unos meses después, otro delincuente —pistola en mano— me esperaba fuera de un ‘conocido Mall’ y me pidió el celular y la billetera.
Ni los legisladores ni el Gobierno han planteado nunca la inseguridad como un problema de Estado.
Pese a haberse armado de mil planes y aunque aseguran que las cifras muestran un descenso de los delitos, todos los intentos para erradicar el problema en Lima y el Perú, están resultando ineficaces.
El Estado y los ciudadanos, estamos inmersos, en un gran problema en el plano de la seguridad pública, este está presente en nuestra sociedad desde hace años y es cada vez más grave.
Todos somos conscientes de que tenemos un grave problema que podemos resumir en el crecimiento de los homicidios, violaciones, extorsiones, robos, etc.
La mayoría de los ciudadanos somos conscientes del origen del problema y algunos le dan una interpretación sociológica y hasta filosófica y política.
Las bandas del crimen organizado, muy bien golpeadas durante la dirección del Ministro Basombrio y su Viceministro de Orden Interno Rubén Vargas.
Las pandillas delincuenciales son la génesis de un problema que ha hecho metástasis en nuestra sociedad y que se ha irradiado a toda la sociedad enfermando a toda la ciudadanía, por lo que muchos muestran conductas violentas, que se manifiestan el la falta de respeto a las normas y leyes de transito, por citar un ejemplo, y se suman a la violencia.
La violencia esta traspasando las generaciones.
Nuestra juventud está convirtiéndose ya, tanto en víctimas como en victimarios:
La mayoría de las personas involucradas en hechos violentos y en delitos, son jóvenes; asimismo, en el tema de la venta de drogas, conocido como el narcomenudeo, los jóvenes de entre 15 y 22 años se disputan el control del mercado, enfrentándose a los grupos que controlaban el mercado.
Igual de preocupante es el fenómeno del pandillaje urbano.
Es cierto que las metas de la juventud están cambiando, debemos de entender que las expresiones de este sector de la población, para que podamos pensar en que medidas de prevención son las más apropiadas, se debe de evitar en lo posible la exclusión y marginación social, pues el sentido de pertenencia al clan, sociedad o grupo en el ser humano es innato y las asociaciones delictivas aprovechan esta situación para captar su atención y voluntades.
Por esto es mas que necesario el poder aplicar políticas que modifiquen el comportamiento, difusión de valores, desarrollo de aptitudes para recuperar el tejido social, atender los conflictos sociales e implementar acciones que se traduzcan en programas permanentes efectivos, enfocados a esquemas escolares, grupos vulnerables y de alto riesgo.
Se debe elevar el nivel de vida de la población, dndo mayores oportunidades para la juventud, como única alternativa para disminuir la tentación de dedicarse a las actividades ilícitas de obtener dinero fácil, que les representa la delincuencia, el pandillaje o el narcotráfico.
Por citar un ejemplo:
El fomento de práctica deportiva entre los jóvenes y adolescentes ayuda a reducir la probabilidad de incurran en conductas delictivas.
La prisión no es la solución
Nos debe preocupar el tener políticas de prevención de la delincuencia, más no del delito, en vez de tener leyes que tienen efecto cuando se ha realizado un comportamiento delictivo.
Hoy en día se viene presentando un incremento de la delincuencia, tanto común, como del crimen organizado.
Esto se refleja en los múltiples asaltos a negocios, atracos a bancos, que de nuevo están apareciendo, robos en viviendas, homicidios en la modalidad “sicariato”, extorsión, entre otros muchos delitos que están presentes a diario y que perturban la tranquilidad de la ciudadanía.
Sin ninguna duda, esta situación genera una gran preocupación en los ciudadanos, que viven en una continua intranquilidad, por miedo a ser víctima de cualquiera de los delitos mencionados.
Los ciudadanos sienten que hace falta una solución a la problemática que se esta viviendo y se piensa en soluciones de tipo:
· Aumentos de penas.
· Creación o formulación de más leyes y penas
· Más condenas de cárcel.
Este tipo de soluciones que ha sido aplicadas continuamente por el Estado, nos ha enseñado que los problemas no han cambiado.
Todo sigue igual y nada parece que va a mejorar: las muertes violentas no disminuyen, los hurtos van en aumento y se extorsiona hasta a los pequeños comerciantes.
En otras palabras, cómo van a cambiar las cosas cuando las leyes que hay, solo existen para sancionar al que contradice las normas, pero no para incluir al necesitado, es decir:
Estamos llenos de leyes que solo se preocupan por quienes delinquen.
No hay leyes que protejan a las victimas o a los débiles, que, al final, son los que terminan delinquiendo, por no tener oportunidades, que se supone, que es misión del el Estado generar esas oportunidades, porque entonces, nos preguntamos para qué existe.
Se hace necesario que los en el Perú, nos concienticemos de que la solución a este gran problema social que padece nuestro país, no está en crear más delitos, ni penas ni más castigos, en resumen la solución no está en más cárcel; por el contrario, debemos preguntarnos cuáles son las causas que originan el delito, qué hace que el delincuente sea delincuente, qué lo lleva a tomar el camino “fácil” y no el del trabajo.
Explicado de otra manera:
Nos debemos preocupar por tener políticas de prevención del delincuente, más no del delito, en vez de tener leyes que tienen efecto cuando se ha realizado un comportamiento ilícito.
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